http://www.scielo.br/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0034-71672009000300020&lng=en&nrm=iso&tlng=en

Qué duda cabe que el aceite de Rosa mosqueta es uno de los más antiguos y conocidos para el cuidado de la piel, sobre todo para la curación de heridas y cicatrices, y no solo en la zona mediterránea sino en todo el mundo ya que de esta rosa hay más de 70 variedades repartidas por todo el planeta, de manera que muchas culturas tienen el aceite de rosa mosqueta o escaramujo como fondo de botiquín.

Cuando nos hacemos una herida bien accidental o bien quirúrgica, lo que en realidad ocurre es una lesión en la piel que rompe la continuidad de este órgano. La cicatrización es un complejo proceso encaminado a restaurar esa barrera que separa nuestro interior del exterior, y recuperar esta función de barrera es el único objetivo de nuestro organismo cuando cicatriza, supeditanto su funcionalidad, elasticidad y, por supuesto, estética.

Por ello que una herida esté cerrada no siempre es sinónimo de curación. Hay cicatrices que cierran la herida pero esa piel de tejido nuevo es mucho menos flexible y más débil que la piel sana e incluso que impiden el movimiento de esa parte del cuerpo, como en el caso de las grande quemaduras.

Por eso cuando nos hacemos una herida es importante seguir unas pautas para que tengamos más posibilidad de una buena e invisible cicatrización: lavar la herida, no dejar que se forme costra de sangre sobre ella, protegerla del sol, no dejar que la piel de la zona esté tirante e hidratar los bordes de la herida y para esto último es muy útil, casi imprescindible, el aceite de rosa mosqueta.

Para entender un poco más de las fantásticas propiedades os contaremos cómo se obtiene y qué compuestos contiene el aceite de rosa mosqueta.

El aceite de rosa mosqueta se obtiene del prensado en frío de las semillas del escaramujo, que es como se llama a los frutos de las rosas. Tras este prensado se obtiene un aceite rico en ácidos grasos tanto insaturados, principalmente la mitad es ácido linoléico seguido de ácido linolénico y oléico, como saturados.

Dentro de los aceites saturados tiene el palmítico, palmitoléico o el esteárico… estos ácidos grasos son necesarios para el mantenimiento del buen estado de la piel, la estructura de las membranas y la síntesis de compuestos activos, inhiben los radicales libres, previenen la carcinogénesis, la esclerosis, son inmunomoduladores, tienen actividad antibacteriana...

Como los ácidos grasos forman parte de los fosfolípidos de la estructura de las membranas celulares de los tejidos como la piel, o sea son como el cemento de las paredes celulares, científicamente el aceite de Rosa mosqueta tiene un gran potencial como cicatrizante de heridas, aunque popularmente ya lo ha demostrado durante siglos.

El aceite de Rosa mosqueta también contiene acetaldehído, ácido ascórbico ¡tiene más vitamina C que las naranjas!, que es necesario para la producción de colágeno, además de minerales, saponinas, flavonoides, taninos… que le confieren propiedades antioxidantes con efecto protector contra el estrés oxidativo celular y propiedades antiinflamatorias fundamentales que hacen que la herida sane antes y mejor. Sólo la naturaleza podía mezclar tantas propiedades en un solo aceite.

Además de todo esto, el mecanismo que inhibe los procesos inflamatorios hace que el organismo mande menos órdenes para una proliferación celular excesiva, las cicatrices quedan más finas y casi invisibles, ideal para personas que tienden a desarrollar queloides o cicatrices duras. Incluso esto ocurre con cicatrices viejas, la rosa mosqueta ayuda a mejorar su apariencia y les da más flexibilidad.

Y todas estas propiedades son especialmente útiles en las mamás recientes que pueden haber sufrido una episiotomía, ya que al tratarse de un aceite vegetal es totalmente inocuo para nuestras mucosas, sin duda mucho menos tóxico que algunos de los productos farmacéuticos repletos de conservantes y disruptores endocrinos.

Para aplicarlo en cualquier herida tenemos que dar suaves masajes con aceite de Rosa mosqueta que calmarán el dolor y molestias por su actividad antiinflamatoria, evitara que se infecte y ayudará a una buena cicatrización por su acción sobre las estructuras de las membranas y del colágeno. También es adecuada, como no, para las cicatrices de cesáreas y es totalmente compatible con la lactancia.

Además si quieres un parto natural y evitar la episiotomía puedes usarlo como aceite perineal durante un par de meses antes de la fecha del parto. La piel estará más elástica y preparada para el tremendo y maravilloso trabajo que le espera.